Al fallecer el Representante Estatal Tom Slater, el estado de Rhode Island y muy particularmente nuestra comunidad Latina ha perdido a un imprescindible. El pasado lunes 10 de agosto el amigo Tom, veterano de interminables luchas políticas y Sargento Mayor (retirado) de los Marines, fue abatido por un absurdo cáncer que debilitó su cuerpo más nunca pudo vencerle a su espíritu.
Hoy las banderas del Estado y de la ciudad de Providence vuelan a media hasta en honor a este hombre de palabras pausadas y profundas convicciones, quien en vida representara oficialmente al décimo distrito legislativo y - extraoficialmente - a los mas desposeídos del Estado sin importar su procedencia, idioma o estatus legal.
De familia humilde y trabajadora, Tom nació y vivió toda su vida en el Sur de Providence. Hoy en día, en nuesta era de abundante tecnología inalámbrica y full-conveniencia, resulta insólito pensar que las familias obreras de aquella época no contaban con servicio de agua caliente en sus apartamentos y que debían hervir agua en la estufa para poderse bañar en el invierno.
Quién sabe si aquellas vivencias contribuyeron a que Tom desarrollara esa gran sensibilidad humana, su compasión hacia los demás, y su capacidad de identificarse sinceramente con personas cuya idiosincrasia cultural era tan ajena a la suya. Lo cierto es que muchas familias de la época compartieron vivencias similares a las de Tom. Sin embargo, escaparon a los suburbios dejando que el abandono y la pobreza diezmaran el vecindario.
En cambio Tom optó por quedarse y entregarse al quehacer cívico con el fin de mejorar las condiciones de sus vecinos.
Fue esa convicción, plasmada con sus experiencias en la marina, lo que impulsó el activismo comunitario de Tom culminando con su elección a la Cámara de Representantes en 1994. Al poco tiempo se había destacado por su sensatez y visión, y fue escalando rangos dentro del liderazgo demócrata.
Asi fue como llegó Tom a presidir el poderoso subcomité de finanzas para servicios humanos, el cuerpo que aprueba los presupuestos de los más importantes programas del Estado relacionados al bienestar familiar, seguro médico, beneficios económicos, etc. A lo largo de su ilustre carrera legislativa siempre estuvo del lado del desposeído, del pobre, del inmigrante.
Incluso fue autor de un re-ferendo para aumentar en $50 millones los fondos disponibles para la construcción de viviendas económicas. Gracias a Tom se pudo conservar el programa de seguro Rite Care y expandir programas e infraestructura para jóvenes recluidos, entre tantas cosas más. Gracias a su influencia en el comité de finanzas de la cámara no sufrimos aun más recortes debilitantes a los programas sociales ofrecidos por el Estado. Siempre impulsó medidas para proteger a los inmigrantes y recaudó miles de dólares en becas legislativas para un sinnúmero de organizaciones comunitarias y deportivas del área.
De hecho, al resultar electa Grace Díaz por primera vez como Representante Estatal por el vecino distrito once, fue Tom quien le sirvió de tutor, enseñándole a navegar el complejo sistema mediante el cual se generan leyes y a manejar astutamente la burocracia del Estado. El vínculo de amistad que se forjo entre el par de legisladores se evidencia en que no hay una sola pieza legislativa que no hayan presentado en conjunto. Aunque nunca aprendió a hablar Español ni era fanático del figureo político, puedo decir sin temor a exagerar, Tom era uno de los nuestros.
Hoy mientras nos preparamos para despedirnos de este imprescindible y, en medio de múltiples tributos y honores, recordamos su estilo sencillo y nos limitamos a decir, "Thank you, Tom."

















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